| Imagen de cubierta | Tipo de ítem | Biblioteca actual | Biblioteca de origen | Colección | Ubicación en estantería | Signatura topográfica | Materiales especificados | Info Vol | URL | Copia número | Estado | Notas | Fecha de vencimiento | Código de barras | Reserva de ítems | Prioridad de la cola de reserva de ejemplar | Reservas para cursos | |
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| Libro | Biblioteca de Derecho Mons. Fremiot Torres Oliver Colección de Puerto Rico | KGV 5419 .L62 2013 (Navegar estantería(Abre debajo)) | Disponible | 70000000899560 |
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Suele creerse, erróneamente, que un delito es un acto malo, inmoral o atroz, contrario a los principios fundamentales y elementales de la ética, la moral y la decencia. El delito, pensamos incorrectamente, es sinónimo de pecado, maldad o pecaminosidad; un acto mediante el que se revela o manifiesta la perversidad intrínseca de su autor; una abominable acción, propia, precisamente, de seres humanos abominables, detestables y condenables.¡Pues no es así!El concepto delito guarda escasa relación con la maldad y el pecado, y en muchas ocasiones nada tiene que ver con los dizque sacrosantos y venerables principios de la moral tradicional.El delito es creación social, y como toda invención social, es un engendro, un artificio, una criatura, heredera forzosa de los prejuicios y estereotipos peculiares de sus progenitores jurídicos. No existen delitos naturales, pues en la Naturaleza no se da un proceso generador de delitos. Es la comunidad, la sociedad, o más bien el Estado, por medio de su brazo legislativo, el que crea y define delitos. Un delito, en resumidas cuentas, es simplemente una conducta condenada por el Estado: Es delito aquello que la Ley declara delito.
Includes bibliographical references (p. 272-274).