El pentecostalismo de Puerto Rico : al compás de una fe autóctona (1916-1956) /
Helen Santiago.
- Primera edición.
- xiv, 321 pages ; 23 cm
Includes bibliographical references (pages 317-321).
La ruta del pentecostalismo (1916-1921) -- En otras ciudades y pueblos (1917-1921) -- Una iglesia nacional y soberana (1920-1921) --La jornada de los años '20 -- La iglesia de Nueva York (1928-1937) -- Aferrados a la fe (1928-1940) -- Desbordamiento de pentecostés (década del 1930) -- Las primeras misiones (década del 1930) -- Cambios, rupturas y dilemas (1937-1945) -- La vida de la autogestión (1945-1950) -- Sanidad divina y evangelismo (1950-1956) -- Misiones fijan rumbo (1950-1956)
Entre 1916 y 1971 llegaron a Puerto Rico varios misioneros pentecostales puertorriqueños. Habían salido de la isla en los años 1900 siendo niños o adolescentes. Su mensaje tuvo fervorosa acogida entre los más pobres de los pobres. En ningún otro lugar del mundo el mensaje pentecostal tuvo una acogida igual. Los misioneros presenciaron con asombro milagros y manifestaciones ante no vistas. Los creyentes fueron conocidos como "los aleluyas", pues alababan a Dios a toda voz, sin inhibiciones. Dios no solo se acercó a los más humildes de la sociedad; su Espíritu hizo morada en ellos. Rasgos culturales facilitaron la aceptación y expansión del mensaje. La creencia en lo sobrenatural era prevalente. La religiosidad popular incluía la participación de la mujer. El predicador subsistía gracias a la inviolable ley de la hospitalidad del campesino. Muy temprano los creyentes sostuvieron a sus pastores, a menudo, a costa de suprimir comidas. El pastor era tan respetado como un sacerdote. Ser autosuficientes le permitió a la incipiente iglesia trazar su propio rumbo; prescindir de la dirección de su afiliada norteamericana. Durante la década del 30', el pentecostalismo se convirtió en la corriente protestante más numerosa. También infiltró el protestantismo histórico. Muchos evangélicos ignoraron las explicaciones racionalistas de los misioneros norteamericanos y adornaron al estilo caribeño. El impetuoso impulso evangelizador del pentecostalismo se volcó en las misiones foráneas. la primera misión permanente establecida en República Dominicana en 1930 fue seguida prontamente por otras en Cuba y Haití. Hoy existen cerca de 10,000 congregaciones en el exterior afiliadas a concilios puertorriqueños, principalmente en América latina. El pentecostalismo se ramificó en la década del 30', pero el relato continúa con la iglesia original, la la Iglesia de Dios Pentecostal. tensiones surgidas en relación al establecimiento de iglesias puertorriqueñas en los Estados Unidos y en relación a las misiones caribeñas, llevaron a la desafiliación en 1956. La Iglesia reconoció ser nacional y soberana.