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    <subfield code="a">La gran ausente :</subfield>
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    <subfield code="a">Segunda edici&#xF3;n revisada y aumentada.</subfield>
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    <subfield code="a">Hato Rey, Puerto Rico :</subfield>
    <subfield code="b">Editorial EDP University,</subfield>
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    <subfield code="a">155 p&#xE1;ginas ;</subfield>
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    <subfield code="a">Incluye notas al calce y referencias bibliogr&#xE1;ficas (p&#xE1;ginas 151-155).</subfield>
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    <subfield code="a">Notas introductorias sobre la poblaci&#xF3;n del siglo 18 en que vivi&#xF3; Celestina Cordero Molina / Prof. Jalil Sued Badillo -- Pr&#xF3;logo -- Pre&#xE1;mbulo a la nueva edici&#xF3;n -- Cap&#xED;tulo I. La memoria social de Puerto Rico, la tradici&#xF3;n de exclusi&#xF3;n selectiva hist&#xF3;rica y la imagen de Celestina Cordero Molina -- Cap&#xED;tulo II. Notas breves sobre la historia del estudio de g&#xE9;nero, la poblaci&#xF3;n libre, la herencia negra femenina y el sistema educativo de Puerto Rico -- Cap&#xED;tulo III. En b&#xFA;squeda de Celestina Cordero Molina: &#xBF;D&#xF3;nde est&#xE1; celestina? -- Cap&#xED;tulo IV. Reflexi&#xF3;n final sobre La memoria social colectiva, la memoria de los excluidos y la tradici&#xF3;n de exclusi&#xF3;n selectiva: el caso de la maestra Celestina Cordero Molina -- Sobre la primera edici&#xF3;n de La gran auswente: la maestra Celestina Cordero Molina -- Bibliograf&#xED;a.</subfield>
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    <subfield code="a">""A Yolanda Arroyo Pizarro, por tanto.

Como mujer educadora del siglo XXI siento un profundo agradecimiento y gran admiraci&#xF3;n hacia las mujeres de otras &#xE9;pocas que lucharon para que hoy nosotras podamos estar presentes en el &#xE1;mbito educativo. Existen casos, documentados en la historia, de mujeres que decidieron vestirse de hombres para lograr el acceso a la universidad que ten&#xED;an prohibido, como por ejemplo la monja mexicana Sor Juana In&#xE9;s de la Cruz o la espa&#xF1;ola Concepci&#xF3;n Arenal que en el siglo XIX logr&#xF3; estudiar Derecho y al descubrirse que era mujer tuvo que mantenerse aislada del resto de sus compa&#xF1;eros mientras tomaba sus clases.

En el contexto puertorrique&#xF1;o, una de esas mujeres responsable de que las ni&#xF1;as lograran el acceso a la educaci&#xF3;n es Celestina Cordero Molina (1787-1862) una de las primeras mujeres negras libres que form&#xF3; parte del desarrollo educativo de Puerto Rico. Luch&#xF3; por los derechos de las ni&#xF1;as puertorrique&#xF1;as de todas las razas a recibir una educaci&#xF3;n. Junto a Gregoria, fue una de las hermanas mayores del maestro Rafael Codero, hijos los tres de Lucas Cordero y Rita Molina, negros libres que tuvieron acceso a la educaci&#xF3;n y se encargaron de ense&#xF1;arles a sus tres hijos a leer y escribir en el seno de su hogar.

Celestina, a diferencia de su hermano Rafael, es una gran desconocida en la actualidad, y es que las mujeres de esa &#xE9;poca estaban limitadas al espacio dom&#xE9;stico, as&#xED; que era muy dif&#xED;cil que llegaran a la esfera p&#xFA;blica como fue el caso de algunos disc&#xED;pulos del maestro Cordero como Baldorioty de Castro, Alejandro Tapia y Rivera y Jos&#xE9; Juli&#xE1;n Acosta quienes dejaron referencias sobre el trabajo y la dedicaci&#xF3;n del maestro Cordero. Sin embargo, y a diferencia tambi&#xE9;n de su hermano, su ejecutoria como maestra se encuentra documentada en las Actas del Cabildo, los documentos en los que se registraban las decisiones del gobierno en la &#xE9;poca colonial. Hay alrededor de doce actas sobre Celestina Cordero, la mayor&#xED;a de ellas relacionadas con su solicitud de que la nombraran maestra oficial y la petici&#xF3;n de dotaci&#xF3;n econ&#xF3;mica para su escuela. Existen tambi&#xE9;n algunas actas que reflejan el inter&#xE9;s de sus hermanos, Gregoria y Rafael, de que la escuela de Celestina siguiera funcionando despu&#xE9;s de que ella se enferm&#xF3; en el 1832 y no pudo continuar con su trabajo de maestra.

De la lectura de las Actas, resumo los siguientes hallazgos: en el 1817, Celestina solicita dotaci&#xF3;n econ&#xF3;mica para su escuela de ni&#xF1;as, afirma que lleva quince a&#xF1;os ense&#xF1;ando y que en ese momento ten&#xED;a a su cargo 115 alumnas. En su solicitud pide que se dote a su escuela como a las otras cuatro que hay en San Juan. Dicha solicitud fue denegada. En febrero de 1820 hay un acta en la que Celestina solicita que se le otorgue la plaza oficial de maestra de San Juan. Ese mismo a&#xF1;o, el 3 de julio de 1820, Celestina es nombrada maestra en propiedad.

Un acta evidencia que, en mayo de 1821, la maestra Cordero reclama que no le han pagado el sueldo estipulado; en marzo de 1825, solicita de nuevo que se le reconozca su cargo oficial. La &#xFA;ltima acta que menciona a Celestina es del 1851 y en ella su hermano el maestro Rafael Cordero solicita una pensi&#xF3;n vitalicia para su hermana &#x201C;&#x2026; atendida la circunstancia de haberse inutilizado en el constante ejercicio de su ministerio, como consta a V.E. y a toda la sociedad.&#x201D;

Se necesita una enorme valent&#xED;a para que una mujer negra, antes de la abolici&#xF3;n de la esclavitud en Puerto Rico, se enfrentase al Cabildo para exigir su nombramiento como maestra y apoyo econ&#xF3;mico para su escuela. Sus visitas al Cabildo fueron numerosas y no se rindi&#xF3; hasta lograr que le dieran el nombramiento oficial. Celestina ya era maestra, sus alumnas y ella lo sab&#xED;an, pero ella insisti&#xF3; hasta que logr&#xF3; que se le reconociera oficialmente. Esa insistencia de Celestina refleja determinaci&#xF3;n, entereza y fuerza para seguir luchando y a la vez un gran deseo de salir de la invisibilidad, de que se reconozca su trabajo y el gobierno le d&#xE9; un salario por hacerlo. Invisibilidad, en la que lamentablemente y a pesar de sus esfuerzos, contin&#xFA;a en la actualidad.

La escritora espa&#xF1;ola Rosa Montero en su texto La rid&#xED;cula idea de no volver&#xE9; a verte, dedicado a Marie Curie, menciona que hasta hace unas d&#xE9;cadas, el mayor problema de la mujer occidental consist&#xED;a en no saber vivir para su propio deseo: siempre viv&#xED;a para el deseo de los dem&#xE1;s, de los padres, de los novios, de los maridos, de los hijos como si las aspiraciones personales fuera secundarias, improcedentes, defectuosas, insiste Rosa Montero. En el caso de Celestina, se adelant&#xF3; much&#xED;simo a su &#xE9;poca ya que su deseo de ser maestra fue tan fuerte que no la impidi&#xF3; regresar al Cabildo cuantas veces fuera necesario para conseguir su t&#xED;tulo, su aspiraci&#xF3;n profesional la dirigi&#xF3; y guio toda su vida.

Existen breves referencias a Celestina en distintos textos de la historia de la educaci&#xF3;n de Puerto Rico, por ejemplo en el texto de Antonio Cuesta Mendoza del 1946 Historia de la Educaci&#xF3;n en el Puerto Rico Colonial, y en Lecturas Hist&#xF3;ricas de la Educaci&#xF3;n en Puerto Rico del 1943 de Gerardo Sell&#xE9;s Sola; hay tambi&#xE9;n una p&#xE1;gina dedicada a ella en La Enciclopedia de grandes mujeres de Puerto Rico del 1975. Por otro lado, en los distintos textos dedicados a su hermano: el de Jack e Irene Delano: En busca del Maestro Rafael Cordero y en el libro Vida y obra del Maestro Cordero publicado en el 2010 por el C&#xED;rculo Maestro Rafael Cordero aparecen diversos comentarios sobre Celestina y su escuela. Recientemente, en el 2015, Zulmarie Alverio Ramos public&#xF3; un texto titulado La Gran ausente: la maestra Celestina Cordero Molina. Sin embargo, pese a la presencia textual de Celestina desde la Actas del Cabildo hasta el d&#xED;a de hoy, sigue siendo una gran ausente como menciona Alverio Ramos en su texto. El escaso conocimiento que hay sobre ella se debe a la doble discriminaci&#xF3;n que sufri&#xF3; y sufre Celestina por ser mujer y por ser negra. La cultura patriarcal ha determinado lo que se debe contar porque la historia que conocemos ha sido contada por los hombres. La historia de las mujeres es una historia de resistencia e invisibilidad. En esa invisibilidad se sigue manteniendo Celestina. A pesar de que fue ella la que gestion&#xF3; los permisos de la escuela y la que consigui&#xF3; el nombramiento oficial de maestra, siempre se la menciona brevemente, bajo la sombra de su hermano menor.

Celestina fue una pionera en la Educaci&#xF3;n en Puerto Rico, su gesta est&#xE1; documentada textualmente, pero injustamente ha pasado desapercibida en la historia oficial.

El maestro Rafael Cordero fue inmortalizado por el pincel del pintor puertorrique&#xF1;o Francisco Oller en un cuadro muy hermoso de finales del siglo XIX, sin embargo, de Celestina no nos ha llegado ninguna imagen y quiz&#xE1;s esa sea otra raz&#xF3;n por la que ella es pr&#xE1;cticamente desconocida en el Puerto Rico actual. A Rafael Cordero se le considera el padre de la Educaci&#xF3;n P&#xFA;blica en Puerto Rico y en el a&#xF1;o 2013 se le declar&#xF3; venerable, el primer paso a la beatificaci&#xF3;n. Sin querer menospreciar la dedicaci&#xF3;n y el empe&#xF1;o del Maestro Rafael, de la misma forma se debe considerar a Celestina como la madre de la educaci&#xF3;n, porque como he mencionado anteriormente ella fue la responsable de conseguir los permisos oficiales de la escuela que compart&#xED;a con su hermano, adem&#xE1;s al ser ella tres a&#xF1;os mayor que Rafael, seguramente contribuy&#xF3; a que este aprendiera a leer y escribir, convirti&#xE9;ndose as&#xED; junto a su madre en las primeras maestras del maestro Rafael Cordero.

El caso de Celestina no es aislado, existen otras mujeres que vivieron a la sombra de sus hermanos famosos, y no fueron reconocidas como resultado de la cultura patriarcal en la que viv&#xED;an, por ejemplo Fanny Mendelssohn que public&#xF3; algunas de sus composiciones con el nombre de su hermano o Marianne Mozart quien a pesar de poseer un talento similar al de su hermano menor tuvo que quedarse restringida al hogar y no se pudo desarrollar como &#xE9;l.

En la actualidad existen varias escuelas con el nombre de Rafael Cordero en Puerto Rico: una en San Juan, otra en Cata&#xF1;o y otra en Trujillo Alto, sin embargo, no existe ninguna dedicada a Celestina. Con el cierre actual de escuelas s&#xE9; que no es el mejor momento para proponerlo, pero creo que ser&#xED;a justo y bien merecido que se pusiera a alguna escuela el nombre de Celestina Cordero para ayudar a que salga de la invisibilidad, que su nombre pase a formar parte de la memoria hist&#xF3;rica colectiva como ha ocurrido con su hermano.

Celestina Cordero tuvo que vivir la discriminaci&#xF3;n de ser negra y adem&#xE1;s de ser mujer. No tuvo disc&#xED;pulas famosas como su hermano que hablaran de ella y nos dejaran sus testimonios porque la mayor&#xED;a de las mujeres de esa &#xE9;poca estaban relegadas al espacio dom&#xE9;stico. Termin&#xF3; sus d&#xED;as enferma y bajo el cuidado de su hermano Rafael con el que al parecer ten&#xED;a una gran afinidad. Uno de los disc&#xED;pulos del maestro Cordero menciona los gritos que profer&#xED;a Celestina al final de su vida y los cuidados que le procuraba su hermano. Quiz&#xE1;s la enfermedad en la que se sumi&#xF3; est&#xE1; relacionada con la lucha que tuvo que vivir toda su vida insistiendo en que se la reconociera una profesi&#xF3;n que llevaba haciendo con mucho amor por tanto tiempo.

Es hora ya que le demos a Celestina Cordero la visibilidad que lleva pidiendo desde el 1817. Celestina se dedic&#xF3; toda su vida a la educaci&#xF3;n de las ni&#xF1;as y su labor no se ha reconocido con justicia, no tuvo modelos en los que mirarse y contra corriente tuvo la valent&#xED;a y la determinaci&#xF3;n de seguir adelante y ejercer su labor de maestra. Es hora ya de que se le d&#xE9; el lugar que se merece en la historia de la educaci&#xF3;n de Puerto Rico, de que aparezca en los libros de historia no bajo la sombra de su hermano sino por su propia gesta educativa: por lograr que las ni&#xF1;as de todas las razas tuvieran acceso a la educaci&#xF3;n en una &#xE9;poca en la que apenas exist&#xED;an escuelas en Puerto Rico, por contribuir al acercamiento entre negras y blancas y abonar el camino quiz&#xE1;s para la abolici&#xF3;n de la esclavitud.  Rosario M&#xE9;ndez Panedas, para El Post Antillano (publicaci&#xF3;n digital).</subfield>
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