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De amor y de sombra Isabel Allende.

Por: Detalles de publicación: Buenos Aires Editorial Sudamericana 1994.Edición: 24 edDescripción: 314 p. 20 cmISBN:
  • 9500702738
Clasificación CDD:
  • C 863 A425d 1994 20
Clasificación LoC:
  • PQ8098.1.L54 D4 1995
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Libro Biblioteca Encarnación Valdés Colección General bev C 863 A524d 1994 (Navegar estantería(Abre debajo)) Disponible 80000002417015
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Descripciones mejoradas de Syndetics:

Desde el exilio en Venezuela impuesto por el derrocamiento de su tio, el presidente Salvador Allende, y por la violencia que desde entonces ha cundido en su patria, Isabel Allende vuelve a escribir una novela: un testimonio en el cual la denuncia se auna con la imaginacion y el fervor de la esperanza. "Esta es la historia de una mujer y un hombre que se amaron en plenitud, salvandose asi de una existencia vulgar.

Extracto provisto por Syndetics

De Amor y de Sombra Capítulo Uno Otra Primavera El primer día de sol evaporó la humedad acumulada en la tierra por los meses de invierno y calentó los frágiles huesos de los ancianos, que pudieron pasear por los senderos ortopédicos del jardin. Sólo el melancólico permaneció en su lecho, porque era inúltil sacarlo al aire puro si sus ojos sólo veían sus propias pesadillas y sus oídos estaban sordos al tumulto de los pájaros. Josefina Bianchi, la actriz, vestida con el largo traje de seda que medio siglo antes usara para declamar a Chejov y llevando una sombrilla para proteger su cutis de porcelana trizada, avanzaba lentamente entre los macizos que pronto se cubrirían de flores y abejorros. -- Pobres muchachos -- sonrió la octogenaria al percibir un temblor sutil en el nomeolvides y adivinar allí la presencia de sus adoradores, aquellos que la amaban en el anonimato y se ocultaban en la vegetación para espiar su paso. El Coronel se desplazó algunos centímetros apoyado en el corral de aluminio que servía de soporte a sus piernas de algodón. Para festejar la naciente primavera y saludar al pabellón nacional, como era preciso hacerlo todas las mañanas, se había colocado en el pecho las medallas de cartón y lata fabricadas por Irene Para él. Cuando la agitación de sus pulmones se lo permitía, gritaba instrucciones a la tropa y ordenaba a los bisabuelos temblorosos apartarse del Campo de Marte, donde los infantes podían aplastarlos con su gallardo paso de desfile y sus botas de charol. La bandera ondeó en el aire como un invisible gallinazo cerca del alambre telefónico y sus soldados se cuadraron rígidos, la miradaal frente, redoble de tambores, voces viriles entonando el sagrado himno que sólo sus oídos escuchaban. Fue interrumpido por una enfermera en uniforme de batalla, silenciosa y solapada, como usualmente son esas mujeres, provista de una servilleta para limpiarle la baba que descendía por las comisuras de sus labios y mojaba su camisa. Quiso ofrecerle una condecoración o ascenderla de grado, pero ella dio media vuelta y lo dejó plantado con sus intenciones en el aire, después de advertirle que si se ensuciaba en los calzones le daría tres nalgadas, porque estaba harta de limpiar caca ajena. ¿De quién habla esta insensata?, se preguntó el Coronel deduciendo que sin duda se refería a la viuda más rica del reino. Sólo ella usaba pañales en el campamento a causa de una herida, de cañón que hizo polvo su sistema digestivo y la tumbó para siempre en una silla de ruedas, pero ni aun por eso era respetada. Al menor descuido, le hurtaban sus horquillas y sus cintas, el mundo está lleno de bellacos y truhanes. -- ¡Ladrones! Me robaron mis zapatillas! -- gritó la viuda. 'Cállese, abuela, que pueden oírla, los vecinos -le ordenó la cuidadora moviendo la silla. para ponerla al sol. La inválida siguió lanzando acusaciones hasta quedar sin aire y tuvo que callarse para no morir, pero le quedaron fuerzas para señalar con un dedo artrítico al sátiro que se abría furtivamente la bragueta para mostrar su lastimoso pene a las señoras. Ninguna se preocupaba por eso, excepto una menuda dama, vestida de luto, quien observaba aquel higo seco con cierta ternura. Estaba enamorada de su dueño y por las noches dejaba abierta la puerta de su habitación para decidirlo. -- ¡Ramera! -masculló la viuda acaudalada, pero no pudo evitar una sonrisa, porque de súbito recordó los tiempos más lejanos, cuando aún tenía marido y él pagaba con morocotas de oro el privilegio de ser acogido entre sus gruesos muslos, lo cual ocurría con bastante frecuencia. Llegó a tener una bolsa Ilena, tan pesada que ningún marinero podía echársela al hombro. -- ¿Dónde están mis monedas de oro? -- ¿De qué está! hablando, abuela? 'respondió distraída la empleada, tras la silla de, ruedas. -- ¡Tú me las robaste! ¡Llamaré a la, policía! -- No fastidie, vieja -- replicó la otra sin alterarse. Al hemipléjico lo habían acomodado en un banco con sus piernas arropadas en un chal, sereno y digno a pesar de la deformidad de su media cara, la mano inútil en el bolsillo y una pipa vacía en la otra, con su brátinica elegancia de chaqueta parchada con cuero en los codos. Esperaba el correo, por eso exigió que lo sentaran frente al portón, para ver entrar a Irene y saber a la primera mirada si traía carta para él. A su lado tomaba el sol un anciano triste con el cual no se hablaba porque eran enemigos, aunque ambos habían olvidado la causa de la discordia. Por error, a veces se dirigían la palabra sin recibir respuesta, más por sordera que por hostilidad. De Amor y de Sombra . Copyright © by Isabel Allende. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold. Excerpted from De Amor y de Sombra by Isabel Allende All rights reserved by the original copyright owners. Excerpts are provided for display purposes only and may not be reproduced, reprinted or distributed without the written permission of the publisher.

Notas de autor provistas por Syndetics

Isabel Allende was born in 1942 in Lima, Peru, the daughter of a Chilean diplomat. When her parents separated, young Isabel moved with her mother to Chile, where she spent the rest of her childhood. She married at the age of 19 and had two children, Paula and Nicolas. Her uncle was Salvador Allende, the president of Chile. When he was overthrown in the coup of 1973, she fled Chile, moving to Caracas, Venezuela.

While living in Venezuela, Allende began writing her novels, many of them exploring the close family bonds between women. Her first novel, The House of the Spirits, has been translated into 27 languages, and was later made into a film. She then wrote Of Love and Shadows, Eva Luna, and The Stories of Eva Luna, all set in Latin America. The Infinite Plan was her first novel to take place in the United States. She explores the issues of human rights and the plight of immigrants and refugees in her novel, In The Midst of Winter. In Paula, Allende wrote her memoirs in connection with her daughter's illness and death. She delved into the erotic connections between food and love in Aphrodite: A Memoir of the Senses.

In addition to writing books, Allende has worked as a TV interviewer, magazine writer, school administrator, and a secretary at a U.N. office in Chile. She received the 1996 Harold Washington Literacy Award. She lives in California. Her title Maya's Notebook made The New York Times Best Seller List in 2013.

(Bowker Author Biography)

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