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Libro Biblioteca Encarnación Valdés Colección General bev C 863 A425e 2001 (Navegar estantería(Abre debajo)) Disponible 80000002169012
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Las aventuras picarescas de una Sherezade latinoamericana, relatando su nacimiento ilegítimo, su orfandad, su adolescencia sin rumbo, sus actividades contra el gobierno, y su romance con un problemático director de películas documentales. Por medio de su don narrativo, Eva Luna inventa una realidad personal determinada por la magia y el destino.

Extracto provisto por Syndetics

Eva Luna Spanish Language Edition Capítulo Uno Me llamo Eva, que quiere decir vida, según un libro que mi madre consultó para escoger mi nombre. Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias humanas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria. Mi padre, un indio de ojos amarillos, provenía del lugar donde se juntan cien ríos, olía a bosque y nunca miraba al cielo de frente, porque se había criado bajo la cúpula de los árboles y la luz le parecía indecente. Consuelo, mi madre, pasó la infancia en una región encantada, donde por siglos los aventureros han buscado la ciudad de oro puro que vieron los conquistadores cuando se asomaron a los abismos de su propia ambición. Quedó marcada por el paisaje y de algún modo se las arregIó para traspasarme esa huella. Los misioneros recogieron a Consuelo cuando todavía no aprendía a caminar, era sólo una cachorra desnuda y cubierta de barro y excremento, que entró arrastrándose por el puente del embarcadero como un diminuto jonás vomitado por alguna ballena de agua dulce. Al bañarla comprobaron sin lugar a dudas que era niña, lo cual les creó cierta confusión, pero estaba allí y no era cosa de lanzarla al río, de modo que le pusieron un pañial para tapar sus vergüenzas, le echaron unas gotas de limón en los ojos para curar la infección que le impedía abrirlos y la bautizaron con el primernombre femenino que les pasó por la mente. Procedieron a educarla sin buscar explicaciones sobre su origen y sin muchos aspavientos, seguros de, que, si la Divina Providencia la había conservado con vida hasta que ellos la encontraron, también velaría por su integridad física y espiritual, o en el peor de los casos se la llevaría al cielo junto a otros inocentes. Consuelo creció sin lugar fijo en la estricta jerarquìa de la Misión. No era exactamente una sirvienta no tenía el mismo rango que los indios de la escuela y cuando preguntó cuál de los curas era su papá recibió un bofetón por insolente. Me contó que había sido, abandonada en un bote a la deriva por un navegante holandés, pero seguro que ésa es una leyenda que inventó con posterioridad para fibrarse del asedio de mis preguntas. Creo que en realidad nada sabía de sus progenitores ni de la forma como apareció en aquel lugar. La Misión era un pequeño oasis en medio de una vegetación voluptuosa, que crece enredada en sí misma, desde la orilla del agua, hasta las bases de monumentales torres geológicas, elevadas hacia el firmamento como errores de Dios. Allí el tiempo se ha torcido y las distancias engañan al ojo humano, induciendo al viajero a caminar en círculos. El aire, húmedo y espeso, a veces huele a flores, a hierbas, a sudor de hombres y a aliento de animales. El calor es oprimente, no corre una brisa de alivio, se caldean las piedras y la sangre en las venas. Al atardecer el cielo, se llena de mosquitos fosforescentes, cuyas picaduras provocan inacabables pesadillas, y por las noches se escuchan con nitidez los murmullos de las aves, los gritos de los monos y el estruendo lejano, de las cascadas, que nacen de los montes a mucha altura y revientan abajo con un fragor de guerra. El modesto edificio, de paja y barro, con una torre de palos cruzados y una campana para llamar a misa, se equilibraba como todas las chozas, sobre pilotes enterrados en el fango de un río de aguas opalescentes cuyos límites se pierden en la reverberación de la luz. Las viviendas parecían flotar a la deriva entre canoas silenciosas, basura, cadáveres de perros y ratas, inexplicables flores blancas. Era fácil distinguir a Consuelo aun desde lejos, con su largo pelo rojo como un ramalazo de fuego en el verde eterno de esa naturaleza. Sus compañeros de juego eran unos indiecitos de vientes protuberantes, un loro atrevido que recitaba el Padrenuestro intercalado de palabrotas y un mono atado con una cadena a la pata de una mesa, al que ella soltaba de vez en cuando para que fuera a buscar novia al bosque, pero siempre regresaba a rascarse las pulgas en el mismo sitio. En esa época ya andaban por aquellos lados los protestantes repartiendo biblias, predicando contra el Vaticano y cargando bajo el sol y la lluvia sus pianos en carretones, para hacer cantar a los conversos en actos públicos. Esta competencia exigía de los sacerdotes católicos toda su dedicación de modo, que se ocupaban poco de Consuelo y ella sobrevivió curtida por el sol, mal alimentada con yuca y pescado, infestada de parásitos, picada de mosquitos, libre como un pájaro. Aparte de ayudar en las tareas domésticas, asistir a los servicios religiosos y a algunas clases de lectura, aritmética y catecismo, no tenía otras obligaciones, vagaba husmeando la flora y persiguiendo a la fauna, con la mente plena de imágenes, de olores, colores y sabores, de cuentos traídos de la frontera y mitos arrastrados por el río. Eva Luna Spanish Language Edition . Copyright © by Isabel Allende. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold. Excerpted from Eva Luna by Isabel Allende All rights reserved by the original copyright owners. Excerpts are provided for display purposes only and may not be reproduced, reprinted or distributed without the written permission of the publisher.

Notas de autor provistas por Syndetics

Isabel Allende was born in 1942 in Lima, Peru, the daughter of a Chilean diplomat. When her parents separated, young Isabel moved with her mother to Chile, where she spent the rest of her childhood. She married at the age of 19 and had two children, Paula and Nicolas. Her uncle was Salvador Allende, the president of Chile. When he was overthrown in the coup of 1973, she fled Chile, moving to Caracas, Venezuela.

While living in Venezuela, Allende began writing her novels, many of them exploring the close family bonds between women. Her first novel, The House of the Spirits, has been translated into 27 languages, and was later made into a film. She then wrote Of Love and Shadows, Eva Luna, and The Stories of Eva Luna, all set in Latin America. The Infinite Plan was her first novel to take place in the United States. She explores the issues of human rights and the plight of immigrants and refugees in her novel, In The Midst of Winter. In Paula, Allende wrote her memoirs in connection with her daughter's illness and death. She delved into the erotic connections between food and love in Aphrodite: A Memoir of the Senses.

In addition to writing books, Allende has worked as a TV interviewer, magazine writer, school administrator, and a secretary at a U.N. office in Chile. She received the 1996 Harold Washington Literacy Award. She lives in California. Her title Maya's Notebook made The New York Times Best Seller List in 2013.

(Bowker Author Biography)

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